Experiencia de un médico taiwanés voluntario en Burkina Faso

  • Fecha de publicación:12/16/2012
Las ambulancias en las villas remotas de Burkina Faso son rudimentarias. (Fotos cortesía de Huang Yu-yen)

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El clima caliente, la tierra roja y las casas de adobe fueron las primeras cosas que Huang Yu-yen, ahora médico de familia en el Hospital Conmemorativo Mackay de la ciudad de Taipei, percibió cuando llegó a Burkina Faso en diciembre de 2007.

Huang, graduado de la Universidad Médica Chung Shan en Taichung, ciudad en el centro de Taiwan, pasó allí diez meses y medio participando en el Servicio de Jóvenes en Ultramar de Taiwan, un programa iniciado en 2001 permitiendo a los varones cumplir el servicio militar alternativo en países aliados diplomáticos de la República de China.

“Un discurso de Lien Chia-en, un médico que hizo su servicio militar en Burkina Faso en 2001, encendió un fuego dentro de mí”, confesó Huang. “Yo estaba fascinado por las obras de Lien en esa nación africana: construyendo orfanatos, excavando pozos y promoviendo actividades como intercambiar basura por ropa”, afirmó.

“Pensé que en lugar de pasar un año haciendo cosas aburridas en campamentos militares en Taiwan, ¿por qué no hacer algo más significativo en el extranjero? Por un lado, podría practicar la medicina, y por otro, viviría y trabajaría en un lugar totalmente diferente. Era una oportunidad única en la vida”, señaló Huang.

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Huang sorprende a los niños de Burkina Faso con sus trucos de magia.

Según Huang, la participación en el programa es determinada por sorteo. Para la misión médica, sólo seis de 42 tuvieron la oportunidad de servir en Burkina Faso, Santo Tomé y Príncipe, y Malawi ese año. “Tuve suerte”, aseguró el joven galeno.

“En realidad, me tocó el sorteo para ir a Santo Tomé y Príncipe, pero como me parecía más como un complejo isleño donde muchos portugueses van de vacaciones, dando la impresión de que no se encuentran en Africa, y porque tenía muchas ganas de experimentar una verdadera vida africana, cambié con otro muchacho”, explicó Huang. “Además, en Burkina Faso tendría la oportunidad de aprender francés, idioma oficial del país”, indicó.

Después de un mes de entrenamiento militar básico y dos meses de entrenamiento profesional que incluyó clases de cocina, computadoras, protocolo internacional, relaciones interpersonales e idioma, Huang partió hacia Burkina Faso el 4 de diciembre de 2007. Después de un vuelo de 31 horas, con paradas en Bangkok, Amsterdam y París, finalmente llegó a esta nación de Africa occidental.

Huang señaló que sus impresiones previas de Africa provenían de las películas y el Internet; muy caliente, tierra roja y gente de tez oscura. “Nunca olvidaré cómo mi primera visión del continente confirmó estas impresiones”, confesó.

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Huang Yu-yen cuenta acerca de su experiencia en Burkina Faso. (Foto de Chen Mei-lin)

En su primer jueves en Burkina Faso, los miembros de la misión médica visitaron un pueblo remoto para ofrecer consultas médicas gratuitas. “Nuestra camioneta dejó las calles de asfalto para recorrer caminos de tierra, viajando a través de matorrales y arroyos, y, finalmente, llegamos a una aldea de casas de barro vacías con tejados puntiagudos que eran exactamente como los de las películas. Los niños jugaban al borde del camino cuando empezamos a ver los pacientes del centro de salud. Esta escena tuvo un gran impacto en mí, en el buen sentido, porque me encantan las aventuras y experimentar cosas nuevas”, contó Huang.

Las instalaciones médicas en Burkina Faso son muy limitadas en comparación con la mayoría de los países, explica Huang. La nación, que mide 274.200 kilómetros cuadrados y tiene una población estimada de 17 millones de habitantes, sólo cuenta con tres hospitales de primera clase y nueve hospitales regionales.

“El examen de salud más avanzado que el Hospital de la Amistad, una institución médica de segunda clase en la tercera ciudad más grande de la nación, Koudougou, puede ofrecer, es una radiografía”, manifiesta Huang. “En Taiwan, los exámenes básicos ofrecidos en casi cualquier hospital incluyen ultrasonido, tomografía axial computarizada y resonancia magnética”, indica el joven galeno.

Dadas estas condiciones, el papel de la misión médica de Taiwan, con sede en Koudougou, es hacer visitas semanales de consulta a los remotos pueblos de los alrededores, incluyendo Bourou, La, Niakada, Sogpelse, Soula y Woro, y proporcionar asistencia al Hospital de la Amistad.

“Las dos partes colaboran mediante el intercambio de experiencias sobre tratamiento, realización de cirugías y atención a los pacientes”, señala Huang. “El hospital también ofrece salas de consulta en las que podemos llevar a cabo labores de medicina interna, cirugía, obstetricia y ginecología”, continúa diciendo Huang.

Sin recurrir a tecnologías avanzadas y equipos médicos, él y sus compañeros sólo podían contar con estetoscopios, recordó.

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Médicos de Burkina Faso y Taiwan se preparan para operar a un paciente en una sala del Hospital de la Amistad.

“A menudo nos sentimos impotentes, al darnos cuenta de que si los pacientes estuvieran en Taiwan, podríamos solicitar una tomografía computarizada, resonancia magnética, o gastroscopia para descubrir la causa de la enfermedad en el menor tiempo posible. El examen más avanzado que la misión médica de Taiwan podía ofrecer era un ultrasonido, que no podía proporcionar suficiente información en muchos casos”, afirma Huang.

Huang lamentó la muerte de los pacientes que podrían haberse salvado en condiciones menos adversas. “Un hombre de 20 años de edad vino a nosotros, jadeando para respirar con cada paso y no podía caminar más que unos pocos metros a la vez. Después de una serie de exámenes médicos, finalmente se descubrió a través del ultrasonido que sufría de insuficiencia de la válvula mitral. Se había desarrollado en una insuficiencia cardiaca después de ser ignorada por mucho tiempo”, explicó el galeno.

“En Taiwan, los médicos habrían dispuesto que se sometiera a cirugía cardíaca, y se sustituyera la válvula con la de un animal o una prótesis, pero no hay un solo cirujano del corazón en Burkina Faso. Los pacientes pueden ir a países vecinos como Costa de Marfil o Ghana, o incluso Francia y Bélgica para la operación, pero este hombre no podía permitirse algo así. Todo lo que podíamos hacer era darle medicina para aliviar los síntomas”, recuerda Huang.

“Sorprendentemente, él estaba mucho mejor la próxima vez que nos visitó, tanto es así que montó en bicicleta para el viaje; sin embargo, dos semanas más tarde, nos enteramos de que había muerto”, cuenta el galeno.

Cuando el hombre desarrolló una fiebre, su familia no tenía ningún medio para trasladarlo al hospital más cercano, que se halla a 65 kilómetros de distancia, relata Huang. “Se siente terrible saber que murió de una enfermedad tan común”, lamentó el joven médico.

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Huang (centro) atiende a sus pacientes en Koudougou.

Huang, quien es un mago certificado, utilizó trucos de magia para animar a sus pacientes y mejorar su propia moral. “Todo comenzó cuando me encontré con un amputado que siempre estaba triste cuando llegaba a cambiar su medicina. Así que preparaba un par de trucos simples listos para cuando él aparecía. Aunque hubo momentos en que fallaba la magia, no tenía importancia. Lo más importante era ver al paciente feliz”, afirma Huang.

Pronto, Huang estaba realizando magia para los transeúntes en la calle durante su tiempo libre. “La magia es un arte que puede entretener a la gente, y hacerles olvidar sus dolores y problemas. También se pueden atraer dos completos desconocidos hasta formar una relación. Mi pensamiento en ese momento era simple: llevar a la gente un poco de felicidad a través de la magia”, declara Huang.

La gente local nunca había presenciado trucos de magia antes, y sus reacciones fueron muy directas, cuenta Huang. Cuando hizo desaparecer una moneda en sus manos delante de un niño, el niño reaccionó con un grito de sorpresa y corrió a buscar a sus amigos para disfrutar del espectáculo.

“En Burkina Faso la gente no esconde sus emociones, respondiendo de una manera muy sincera y directa”, opina el galeno. Hubo momentos en que la gente se divirtió tanto por su magia que lo aporrearon con sus manos o se golpeaban el pecho. “Esto es una cosa que me gusta de la magia: la reacción directa y fuerte del público”, afirma Huang.

Según Huang, trabajar en Burkina Faso amplió sus horizontes y le permitió darse cuenta de lo bendecido que es. “Al ver a todas las personas que necesitan ayuda médica, y su grado de pobreza, estoy muy agradecido por el sistema de cuidados de salud tan desarrollado de Taiwan”, opina Huang.

“Además, en Taiwan se puede encontrar todo lo que quieras, desde el entretenimiento a la alimentación. Debo apreciar lo que tengo aquí”, confiesa Huang.

El mayor efecto que su experiencia en Burkina Faso tuvo en él fue hacerle cambiar sus ambiciones, aseguró el joven galeno. “Al principio, quería ser siquiatra, ya que requiere de mucha comunicación entre médico y paciente, y me gusta hablar con la gente. Pero después de mi viaje a Africa, me di cuenta de que los médicos de familia tienen un conocimiento más completo de las enfermedades, y por lo tanto pueden ayudar a más personas. También tienen que pasar mucho tiempo hablando con los pacientes y llegar a conocerlos, lo que se adapta a mi personalidad”, opina Huang.

Aún extrovertido y aventurero, Huang indicó que sigue interesado en el trabajo médico en el extranjero. “Si hubiera una oportunidad, me gustaría unirme a Médicos Sin Fronteras para atender a más gente, conocer el mundo y hacer nuevos amigos”, declara Huang.

Traducido del Taiwan Today
por Silvia Villalobos

 

原文出處:
http://noticias.nat.gov.tw/ct.asp?xItem=199717&ctNode=138&mp=12

 

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